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Entrevista con el pastor Cash Luna

13:59 Publicado por Revista C4

Entrevista con el pastor Cash Luna


Cash Luna
¡En la Mira!...
Por: Richard Shaw
Admirado por unos y repudiado por otros, Cash Luna tiene la cualidad de despertar pasiones positivas y negativas. Sus detractores tanto evangélicos como católicos lo ven con recelo y no escatiman esfuerzo para señalar lo que ellos califican de superficial. ¿Qué dice Cash acerca del dinero, la histeria colectiva, la manipulación de masas y sus milagros? ¿Cómo ve la política nacional?
Movido por la curiosidad y las ganas de cuestionar al famoso Cash Luna, acepté la invitación de la colega Heidi Pineda, quien trabaja en el ministerio de Casa de Dios, para asistir a la presentación del nuevo libro de Cash.  Yo tenía la idea de ampliarme y sacar una buena entrevista. Al llegar, un edecán, con mucha suavidad, me dijo que sólo se admitían preguntas sobre el libro. Esto me disgustó mucho pues yo quería preguntarle cosas directas sobre su visión política, sus finanzas, etc. No me di por vencido.  Rápidamente revisé el libro y haciendo uso de algunos cursitos de lectura rápida, encontré las partes que necesitaba para llevarlo a los temas que yo quería; sin embargo, cuando por fin nos atendió, la cosa cambió, pues luego de las presentaciones formales y de la primera pregunta Carlos “Cash” Luna, se dio cuenta que ésta no sería una entrevista cajonera y/o salamera (chaquetera) sino que, más bien, habíamos llegado a tocar las fibras sensibles que lo han hecho tan controversial.
Se me quedaron muchas preguntas y temas en el tintero. De pronto, por respeto, o porque la conversación no tomó ese rumbo, no lo cuestioné sobre el manejo de las finanzas de la Iglesia, su vida personal, su jet, su Rolex, su Range Rover… en fin, esos temas que la chismografía chapina adora y, más bien, me centré en lo de fondo: la postura de Cash Luna frente al negocio de la fe, la política, la histeria colectiva y sus milagros.


Entrevista con el pastor Cash Luna
“Me siento con miedo”
-En su libro usted habla de la fe. ¿Qué tanta fe y qué porcentaje de negocio? En la página 138 de su libro, usted se refiere a las buenas cosas que nos da Dios. ¿Hasta dónde Dios nos da buenas cosas y hasta dónde las personas miran al Señor como un cajero automático?

-Bueno, eso depende de cada corazón y de cada persona. Si hablamos de negocios alrededor de Jesús, la Navidad es uno; en nombre del nacimiento de Jesús se vende de todo, entonces, yo pienso que el mundo, en general, va a estar dividido por el tipo de corazón que cada quien tiene.

-Pero, ¿no cree usted que esto confunde porque, a veces, algunas personas llegan buscando cosas materiales en lugar de la salvación y la vida eterna?

-¡Bueno! ¿Qué es más material... que necesites salir adelante para tener con qué vivir y sostener a tus hijos o ser sano de un cáncer? ¿Qué es más material?

-Las dos cosas.

-Ah... entonces, por ejemplo: la gente iba a Jesús para ser sanados de lepra, flujo de sangre (de una mujer que la tuvo por doce años), 18 años encorvada otra mujer, sordos, mudos, mancos; ¡muertos! le llevaban a Jesús para que los resucitara.

Está la parábola del hijo pródigo, que malgastó la herencia y cuando estaba a punto de comer algarrobas con los cerdos, porque no tenía empleo, dijo: “Me levantaré, iré a la casa de mi padre porque allá hay comida”.

Regresó a la casa del padre por comida, y éste no lo recibió con un pan como él creyó, sino que le dio un abrazo, le dio un beso, le puso un anillo, y eso no es un bien necesario; le puso calzado, le dio vestido, mató el becerro más gordo e hizo una fiesta. Entonces yo pienso que el ser humano es tanto espiritual como material.

-Pero usted hace énfasis sobre la capacidad que tiene Dios de dar, y le hace ver a las personas que Dios es un Señor que da. Pero, ¿a un hijo qué le damos? ¿Lo que necesita o lo que él desea?

-Ambas cosas, dependiendo del hijo. Si el hijo es un mal hijo, por lo menos se le da lo que necesita; yo no creo que la genta vaya a castigar a sus hijos quitándoles el pan. Si tu vas al Padre Nuestro dice: “El pan nuestro de cada día dánoslo hoy” y, después dice: “Perdona nuestras ofensas”. Entonces, no porque haya ofendido yo a Dios, Dios me quita el pan. Por otro lado, si tú tienes un buen hijo, que estudia bien, pues tu deseas darle un premio al final del día, ahora si estudia mal, ¿qué mal padre es aquel que premia a su hijo que está haciéndolo mal?

-Usted habla de “merecer”. ¿Cree usted que Guatemala merece lo que le está pasando? ¿Qué hicimos de malo; además de elegir mal? ¿Tenemos lo que merecemos o Dios nos está enseñando algo? ¿Como es la cosa allí?

-Yo pienso que no es ni una cosa ni la otra. De pronto tratamos de espiritualizar un poco más las cosas de lo que verdaderamente son.

Si vamos a que si elegimos bien o elegimos mal: ¡Gobierno perfecto no lo vas a tener en una democracia que apenas comienza!
Tienes que darle lugar a la madurez y al proceso político, a que la gente aprenda de sus errores. Y mientras unos aprenden de errores otros estudian un poco más para no cometerlos otra vez.

-¿Errores u horrores?

-A veces los errores se convierten en horrores. Yo creo que nosotros debemos de ir evolucionando y aprender a no tropezar con la misma piedra. Es decir, ¿por qué repetir el error de alguien más si ya sabemos que no funciona? Pero hay que darle tiempo, no sólo es el Gobierno, también las empresas. ¿Cuántas empresas quiebran?

-¡Cuántas empresas evaden impuestos!

-Pero digamos que ese no es mi tema. ¿Cuántas empresas quiebran, paguen o no paguen impuestos, pero quiebran? ¿Quién las acusa? ¿Quién las señala? Si también dejaron sin empleo a otros, hablamos del empleo y desempleo del Gobierno y ¿quién mira el desempleo de las empresas privadas?
Todos cometemos errores, pero somos personas que censuramos y acusamos en lugar de apoyar y ayudar para que no se vuelvan a cometer.

-En ese caso ¿qué aporte tiene su libro? ¿Lo va hacer llegar a los políticos? ¿Lo va hacer llegar a los líderes? Porque allí, en la cabeza de la sociedad, se necesita la consejería espiritual. ¿Cuál es su relación con este tipo de líderes políticos?

-Yo pienso que la buena relación con Dios se necesita en todos los niveles, que Guatemala era mejor cuando todos, de una manera u otra, el domingo íbamos a la iglesia. En ese tiempo, en el que los padres agarraban a los hijos, los vestían como debe de ser, les decían vamos a ir a misa o vamos a ir al culto, pero, como sea, teníamos una disciplina de ir y buscar a Dios.

-Tener una disciplina de ir y buscar, ¿y los líderes?

-Yo pienso que, eso de culpar a los líderes, ya basta. Todos somos guatemaltecos; el Gobierno no limpia pero los ciudadanos ensuciamos. Entonces, ¿cuándo vamos a cambiar al ciudadano del país? Tenemos que cambiar la conducta del ciudadano. Ahora, ¿dónde cabe el libro aquí? Este libro está escrito para mejorar una relación con Dios, con el Espíritu Santo. Esa relación obviamente va a implicar un mayor grado de compromiso con Dios, sus mandamientos, caminar en santidad y todo lo que hoy en día nuestro país necesita.
Luego vendrán otros libros que toquen temas más específicos acerca de principios, valores, disciplinas que hay que practicar para triunfar, esfuerzo y trabajo duro, honestidad, integridad, decir siempre la verdad y todo eso. Pero este libro cabe para los que tienen hambre y sed de Dios, sean ciudadanos, políticos, empresarios, desempleados, empleados, gerentes, está escrito para que todo el mundo lo entienda.

-Bueno, usted habla de sanar enfermos: ¿Es usted un milagrero? ¿Hace usted seguimiento de los milagros? ¿Qué tanto son milagros reales y cuántos son autosugestión?

-Pues, hay de todo. Para empezar, cuando vamos a las Noches de Gloria, en las cruzadas, pedimos equipo médico local, el del país, el de la ciudad, para que vayan a chequear a los enfermos. Entonces, en el proceso, nosotros oramos por la gente, la gente dice recibir un milagro y yo repito, varias veces, no el que quiere sino el que ya lo recibió; por favor pase y tenga la amabilidad de testificar si así lo desea o no. Los que logran pasar van con los médicos que chequean lo que se puede chequear.
Quiero decirte que es una obra de fe y esperanza, no solo fe sino las dos cosas. No le puedes quitar la esperanza a alguien que está creyendo que su madre, que está muriendo, va a sanar y no puedes dañarle el corazón a una persona.

-¿Pero eso no es engañarlos?

-No, que va, no le estoy diciendo a la persona que quedó sana, no. Cuando esta persona viene y no ha quedado hacemos una nueva fila y tenemos equipo que sigue orando por ellos, no es rechazarlos, jamás, jamás es engañarlos.
La otra es el que pasa a testificar, que ha pasado por ese filtro de médicos, y si todavía se tienen reservas, lo mandamos que vaya donde el médico a sacar exámenes, le damos seguimiento a muchísimos milagros.

-¿Por qué nadie sabe de la continuidad de un milagro? Aparece alguien en Noches de Gloria, es sanado y luego se acabó la historia.

-Bueno, le damos seguimiento a muchos milagros. Yo tengo un equipo que llama a la gente, pero son tantos que es imposible darle a todos. Rara vez nosotros decimos que la persona ha recibido un milagro, en el programa siempre es la persona quien lo dice, yo me limito a orar.

-¿Pueden milagros pasar y perderse?

-         Sí, por ejemplo: Pedro caminó sobre el agua y en el mismo momento y en el mismo día se hundió. Luego Jesucristo le dijo a unas personas, cuando las sanó: “Vayan y no pequen más, no sea que una cosa peor les acontezca”. Entonces, de pronto se vuelve una persona peor de cómo estaba antes de un milagro. Allí es cuando la gente dice: “Eso no fue milagro”; pero sí fue milagro, lo que pasa es que los que están juzgando no han leído las escrituras.
-         Aquí es un problema, porque con todo el respeto me entrevistas, lees lo que está en el libro, pero debiste leer antes todas las escrituras, para saber en el contexto en qué estamos metidos. Ahora, en medio de un programa, en media hora, con cuatro o cinco milagros que en ese momento reciben, ¿cómo explico todo un texto bíblico?

-         En la página 127 de su libro usted dice: “Pide a Dios y cree que se te ha concedido lo que has pedido”. ¿Cree que Guatemala tiene lo que ha pedido en cuanto a su situación en general?

-         Pienso que todavía seguimos pidiendo. Ahora, por ejemplo, ¿Jesús compuso el contexto político y gubernamental del imperio romano sobre Israel?

-         No.

-         ¿Entonces? Él sólo dio los principios y los valores. Dijo qué hacer y qué no hacer, pero ahí los dejó.

-         ¿En qué momento ha sentido más presión en su vida realizando este tipo de obras?

-         Un día que me trajeron a un niño hidrocefálico y me partió tanto el corazón que lo único que hice fue llorar y llorar y llorar… Me puse tan triste que creo que la tristeza me robó la fe, la tristeza en mi corazón fue más fuerte que verlo sanar. No sanó y cuando yo me fui al cuarto de atrás a orar, llorando todavía, y todavía me dan ganas de llorar cuando me recuerdo porque me dolió mucho. Yo sentí que la voz de Dios me dijo, de adentro: “Ellos no necesitan que llores por ellos, necesitan que creas”. Entonces nació de ahí el aprender a administrar mis emociones, porque la gente que tú ves que sale a testificar que sanó y la gente que veo cuando voy saliendo del estadio, y todavía están en su silla de ruedas, que regresa con la misma enfermedad a casa, esos dos sentimientos juntos si te pueden pegar muy duro, y tienes que aprender a manejar ambos. El primero, el gozo de ver a la gente sanar, no te debe sobresaltar y jamás hacerte pensar que fuiste tú. Ese saber que no fuiste tú, también te deja un poco más tranquilo, porque tampoco fui yo, ni el que sí, ni el que no. Dios sabrá en qué tiempo y  con quién, entonces todas las noches que ministro termino diciéndole a la gente, o a la mayoría: “Si Dios no lo hizo hoy, tenga la confianza que lo va hacer mañana, y si no fue a través de mí, Dios mandará a otro, porque tiene muchos”. Lo irónico de la sanidad es que de todas maneras todos los que sanaron se van a morir, y hay que estar preparados para la vida eterna.

-         Algunas personas lo tildan de arrogante en el manejo del público, ¿no se ha sentido usted un poquito contaminado por ese sentimiento de poder?

-         No, al contrario. Me siento con miedo, con temor. Los actos de fe y los dichos de fe, por mejor que los digas, podrían sonar arrogantes en algún momento. Tú te acuerdas cuando Jesús dijo: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruyo”. ¿A qué sonó eso? ¿Sonó horrible? Pero yo creo que no, en ningún momento. A veces me ven saltar, pero es que yo sigo impresionándome. ¿Cómo no me va a impresionar un milagro? ¿O es que ya me acostumbré a ellos? ¡No! Tú me vas a ver abrazar a alguien de una condición económicamente humilde, o a gente que tú la ves ahí como cualquier otra persona. Si la arrogancia estuviera presente no existirían los milagros.

-         ¿Qué opina usted de la histeria colectiva y del dolor que cargan aquellos que buscan la paz en la Iglesia pero no la consiguen?

-         Sé muy poco de la histeria colectiva. Te cuento que cuando la Biblia dice que se derramará el Espíritu Santo sobre toda carne, hay un momento en que todo ser presente puede recibir un toque de Dios, pero no por eso es histeria colectiva.

-         Además de periodista yo soy motivador, y con los recursos técnicos y de oratoria apropiados la gente ríe y llora; pero yo sé que es porque se están tocando las fibras sensibles, por el manejo correcto de las luces, de la música, de las palabras de los sentimientos, etc.

-         Ahí no estás hablando de una histeria colectiva, estás hablando de una manipulación ilegítima.

-         Pero en la Iglesia se utilizan las mismas técnicas y medios para generar esos sentimientos.

-         Si vamos a cantar a Dios, y a adorar a Dios, y lo hacemos lo mejor posible, pues alguien puede interpretar eso como manipular los sentimientos. Pero, realmente, estamos cantando. Eso es como si tú, de repente te inspiras y le haces un poema a tu esposa y la haces llorar, entonces vas a decir que la manipulaste, pero no, esa es una consecuencia natural de algo que estamos haciendo. O de pronto la gente siente un momento de fe y aplaude, pero no haces nada para que aplaudan, son cosas que son consecuencias de algo y no algo que andas buscando que pase.

La entrevista termina con una tensa calma. Los asistentes y edecanes se ven inquietos y presionaban con miradas y gestos al pastor. Pero Cash, con la actitud de quien ha terminado “en buena forma un combate”, les hace un ademán indicándoles que se tranquilicen, y se toma el tiempo para recordar a los amigos en común de la Promoción del 79, del Liceo Guatemala. Por un momento sentí como si añorara ser uno más, como si quisiera sumergirse en el anonimato y ser solo Carlos Luna.
¿Guía espiritual? ¿Apóstol o manipulador de masas? Yo prefiero pensar que es solo un hombre tratando de servir. RS


Rompe texto:

-         Bueno, usted habla de sanar enfermos, ¿Es usted un milagrero? ¿Hace usted seguimiento de los milagros? ¿Qué tanto son milagros reales y cuántos son auto sugestión?

Rompe texto 2:

Lo irónico de la sanidad es que, de todas maneras, todos los que sanaron se van a morir.
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3 Response to "Entrevista con el pastor Cash Luna"

  1. mario Said,

    Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    Posted on 9 de agosto de 2016, 4:08

     
  2. mario Said,

    Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    Posted on 9 de agosto de 2016, 4:11

     
  3. mario Said,


    En cuanto a lo que definio el pastor Cash Luna cuando dice manipulacion ilegitima.
    Quiero comentar que hace un tiempo le conoci en persona, era uno de sus meseros y le oi decir que cuando el estadio estaba vacio, usaban los efectos para aparentar que el estadio estaba lleno, acaso no es eso manipulacion ilegitima.
    Y cuando dice me vas a ver abrazar a una persona humilde...
    El no volteaba la vista a ningun lado cuando entraba al restaurante iba directo. Si hubiera podido o hubiera tenido llantas nos hubiera pasado encima.
    Soy cristiano por la gracia de Dios, pero prefiero ir al cielo sin milagros pero con mi conciencia tranquila

    Posted on 9 de agosto de 2016, 13:50

     

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